¿Bisexualidad, what??

Es cierto que muchas personas creen la Bisexualidad “no existe”, y en cierto sentido, tienen alguna razón.
La Bisexualidad, como “verdad absoluta”, es algo irreal, tanto como pueden serlo La Homosexualidad o La Heterosexualidad, yo soy partidario de que lo que existen son personas detrás de historias humanas de deseo y diferentes maneras de vivir su vida… Etiquetar con palabras para dar “título” a esa narrativa, es producto de numerosas circunstancias, entre las que se tienen un lugar privilegiado el contexto social y cultural, la historia familiar y el grupo de pertenencia.

Para mí, toda palabra que pretende “etiquetar” una historia personal o un deseo de afecto de una persona, necesariamente dejará fuera experiencias, fantasías, proyectos, sueños, que son conflictivos con la imagen de sí que esa palabra quiere revelar, y al dejarlos fuera corremos el riesgo de resignificarlos de maneras que reduzcan su conflictividad.

Lo que realmente resulta grave o ambiguo, es decir, lo que no es fácilmente clasificable en las categorías existentes, lleva a desnudar las reglas de juego que subyacen a esas categorías…. tal como sucede con la transgeneridad, que desnuda en forma implacable la precariedad de la diferencia (binaria) de género, pilar de la civilización occidental, la bisexualidad pone al descubierto cuáles son los parámetros que regulan la idea misma de sexualidad humana en este fin de siglo.

Pero entonces ¿Por qué la bisexualidad asusta tanto que tiene que ser negada en su misma existencia…?     Posiblemente una posible explicación relaciona con este sistema binario al que venimos haciendo referencia, no hay equivalencia entre las dos posibilidades: siempre hay una que es “positiva” y otra que es “negativa”.
En la Edad Media se imaginaba el cuerpo de la mujer como una copia deformada del masculino, sin tapujos. El lado “positivo” del binario es el “real”; el otro, es una deformación a corregir, sin entidad propia. No son dos, sino uno, y la “elección” / “renuncia” no es tal, sino una mera cuestión de desempeño, de acercarse más o menos al ideal.

En esta sexualidad normativizada, con indicadores de desempeño y metas a alcanzar, donde el deseo aparece controlado, nombrado, acotado, y el margen para lo imprevisto y para el cambio es mínimo, la bisexualidad irrumpe como elemento disruptivo.

La bisexualidad no sólo devuelve su categoría de existencia al otro polo del binario, sino que además despliega una amplia gama de opciones posibles entre ambos, que los relativiza y los vuelve meros puntos en un continuo en lugar de indicadores excluyentes de identidad.

Como siempre, por favor comparte sus pensamientos y experiencias a continuación; con ello, estarás ayudando muy posiblemente a otras personas como tú y yo…

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