Caballito de mar

A menudo observo con asombro esas parejas que permanecen juntas durante más 20, 30 o 40 años. Me encanta la idea de que todavía se puede estar enamorado de alguien después de todo ese tiempo, y ver ese verdadero amor en acción trae una sonrisa a mi cara.

A lo largo de los años de mi vida y de las relaciones que han existido dentro de esos años, me he preguntado en más de una ocasión si verdaderamente estamos destinados a encontrar el amor con una persona por el resto de nuestras vidas. Obviamente, con la tasa de divorcio actual, siendo lo que es, mi respuesta parece estar garantizada…

Muchas de las parejas que acuden a mi consulta se hacen la misma pregunta acerca de uno de ellos y, en realidad no tiene nada que ver con cuestionar sus sentimientos por él o por ella, preguntándose si podría hacerlo “mejor” con otra pareja. De hecho, casi ninguno al profundizar en la conversación, tienen dudas acerca de lo que sienten por ese hombre increíble o esa mujer maravillosa…

Más bien, este asombro mío proviene de una larga lista de preguntas internas profesionales, puesto que soy muy consciente de que las personas y las relaciones cambian con el tiempo y, a menudo estos cambios pueden crear unas bases sólidas para fijar raíces para siempre, o castillos en la arena que se derrumbarán a la más mínima ola…

Transcribiendo las palabras de una paciente, la cual consiente que se compartan con los demás sus sentimientos, para que los demás sean partícipes de su experiencia, quiero que todos y todas veamos, lo frágil que es la línea del amor…

              “Estaba tumbada en la cama esta mañana mirándolo dormir, llena de tanto amor por ese hombre que nos da todo lo que está a su alcance, es el padre más increíble que una madre puede pedir, tiene el corazón más amable… y todavía me pregunto, ¿es eso suficiente para seguir caminando junto a él durante 20 años más?

              La mayor parte de mis pensamientos provienen del deseo de correr y ser libre, siempre he sido un espíritu libre, sin ningún deseo de estar atada a una sola persona o a un solo lugar por mucho tiempo. Estos deseos, o pasión por los viajes, han sido la causa de muchas discusiones y varias rupturas en mi vida, ya que es difícil de vender la idea de la vida nómada a alguien que no la desean para sí mismo.

              Esa es un área en la que mi actual pareja y yo estamos muy bien combinados, los dos tenemos almas gitanas y hemos resistido a la noción de ser puestos en la tierra y establecer raíces en cualquiera de las áreas. En nuestros cortos 3 años juntos hemos recorrido medio mundo… Nos hemos convertido en la broma familiar para nuestros familiares para reírse y decir en broma que nunca saben dónde enviarnos los correos, porque en el momento que llegue a nosotros, probablemente ya no estemos allí.

            En mi cabeza tenía la idea de que este emparejamiento de las fronteras ilimitadas y la itinerancia constante sería el pegamento que yo estaba buscando para mantenernos juntos a través del tiempo… Me refiero a que, en el sentido más literal, realmente deseo estar en constante movimiento, viajar, aprender, experimentar, tocar y probar todo lo que esta vida tiene que ofrecer. Puedo ser fuerte de cabeza, fuerte de corazón y difícil de manejar con mi obstinado pensamiento, sabiendo que a menudo me pregunto cuánto tiempo este hombre aparentemente perfecto va a querer estar a mi lado…

             Una vez que supe que estaba a punto de ser madre, tenía miedo de cómo iba a cambiar mi vida; sé que es una existencia bastante egoísta, que cada uno tiene su responsabilidad, pero me aterraba que me iba a perder tantas oportunidades… tanto en la vida, quizás porque ya no podría empacar y marcharme en un momento sin previo aviso, cuando mi estado de ánimo o mis sentimientos así me lo pidieran…

            El tener hijos parece ser el punto de inflexión en la vida donde se inicia echar raíces. Nunca he deseado eso, e incluso con mi segundo bebé en el camino, todavía no lo hago. Envidio a las familias que veo viajando por el mundo con sus niños a cuestas, seguramente es el mejor momento de sus vidas, vivir el momento y vivir mínimamente sabiendo que el verdadero valor no está en sus cosas, sino en las experiencias que se están construyendo con sus hijos. Me doy cuenta de que quiero en mi vida más que nada y, ahora que tengo niños con este hombre, sólo puedo tener esa vida si él lo desea también.

Sabiendo que yo deseo una vida diferente a la que vivo, creo un espacio de pensamiento en mi mente cuando me pregunto si estoy destinada a estar con esta (o cualquier) persona por el resto de mi vida, o si posiblemente estoy destinado a estar con muchas (o pocas) personas en diferentes momentos a lo largo de mi vida”.

¿Realmente podemos tener todo, o es que una manera sumamente egoísta de pensar en uno mismo?
             ¿Dónde está la línea entre el compromiso y la solución?
¿Es el amor realmente todo lo que necesita?….


Como siempre, por favor comparte sus pensamientos y experiencias a continuación; con ello, estarás ayudando muy posiblemente a otras personas como tú y yo…

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