Ciencia Vs Espiritualidad

Las últimas investigaciones en el campo de la neurociencia han demostrado que la capacidad que tiene el ser humano en afrontar su propio sufrimiento y de los demás, es fundamental para que se produzcan unos cambios evolutivos que generen a su vez, cambios en la salud y la calidad de vida.

A través de la meditación, las personas pueden aprender a gestionar esa compasión de la cual estamos hablando. Muchas personas acuden a nosotros los especialistas en mediación ante la necesidad de encontrar alivio a alguno de los dolores crónicos que pueden suelen sufrir, así como a modo de desconexión y de equilibrio, ante una vida exigente y en ocasiones estresante por las obligaciones.

En el transcurso de las clases de meditación, las personas muestran diferentes fases; inicialmente se suelen mostrar interesados por lecturas previas sobre la materia, e incluso por recomendaciones de algún conocido. Seguidamente, en el transcurso de las primeras semanas y tras empezar a trabajar la concentración, se consigue que todas ellas se beneficien de la atención concentrativa, para sí lograr ganar en equilibrio y atención plena en sus vidas cotidianas.

Sobre este tema tan controvertido, existe una prueba gráfica sobre una resonancia funcional a la que fueron realizadas a unos monjes en el inicio de este siglo, mientras practicaban la meditación de la compasión, la cual demostró la activación de redes neuronales que están asociadas con la felicidad y el bienestar. Asimismo, otros estudios como el de Antoine Lutz y colegas (2008) sobre la activación de circuitos profundos, tales como los de la ínsula y la amígdala en meditadores de experiencia; y la de Nicholas Van Dame (2010) que demostró a través de un estudio realizado en más de 500 personas, que el grado de compasión que podemos llegar a sentir sobre nosotros mismos, es más efectivo que cualquier otro sentimiento que pueda existir para mejorar síntomas de pacientes que sufren ansiedad y depresión.

En alguna medida, las personas que padecen un sufrimiento crónico optan por dejar de auto-exigirse y/o lamentarse por aquello que les toca vivir. Esta es la manera que tienen de perder el “egocentrismo de su enfermedad” y fortalecer así sus energías, en desarrollar aquello que la dolencia no les incapacita, como puede ser su vocación, su desarrollo personal o sus capacidades creativas entre otros puntos.

En la práctica meditativa de la compasión solemos pedir a los pacientes que repitan ciertas frases, a modo de oración, mientras pasan a visualizarse como seres inalterables. Frases como “debo estar bien y sentirme protegido, para ser tan fuerte como esté a mi alcance”, “siento amor por mí y compasión por mí mismo y por todos y todas aquellas personas que sufren al igual que yo”, “debo ser feliz y está en mis manos y, hoy estos dando pasos hacia esa felicidad” …  Poder conectar plenamente con todos estos sentimientos de compasión a sabiendas que tiene unos efectos poderosos sobre nosotros mismos, llevándonos a una situación de bienestar y profunda paz interior.

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