¿Cómo te olvido?

Estudios recientes han valorado que las rupturas sentimentales pueden llegar a provocar unos efectos similares a los que sería el periodo de ascendencia cuando se deja de tomar una droga, coloquialmente lo que entendemos por “pasar el mono”.

Todos nosotros estaremos de acuerdo, en que enamorarse es una de las sensaciones más placenteras y embriagadoras que puedan existir y, por la misma regla de tres, los que hemos sufrido algún desengaño amoroso, ¿el 100% de nosotros?… sabemos que ese placer, se transforma en un vacío por incertidumbre del momento en el que la relación se termina.

En la fase inicial del enamoramiento, se producen unos comportamientos muy similares a las conductas observadas en aquellas personas que son adictas a las drogas; este “enganche” tan potente tiene su reflejo en el cerebro, ya que cuando estamos enamorados, nuestro organismo genera ciertas sustancias como la oxitocina (hormona del apego) y la dopamina (hormona del placer) que actúan de forma directa en las regiones cerebrales asociadas con el placer (sistema neuronal del reforzamiento) con un efecto similar al de algunos analgésicos encargados de activar zonas cerebrales que reducen el dolor.

El efecto contrario sucede cuando pasamos por una ruptura sentimental; en este estado, nuestro cuerpo deja de segregar estas hormonas y, al mismo tiempo, nuestro cerebro empieza a reaccionar generando unos síntomas característicos de la abstinencia (ansiedad, obsesión, vacío e incluso dolor físico), ya que se produce un mal funcionamiento de la comunicación neuronal.

Las personas que pasan por este periodo de duelo sentimental muestran un alto grado de obsesión, sin poder concentrarse en sus tareas cotidianas ya pasan mucho de su tiempo, pensando en sus ex-parejas con la idea emocional de volver con ellos. Este periodo puede incluir una falta considerable en el control en sus emociones, e incluso con tentaciones puntuales de llamarles o visitar lugares donde sepan que pueden verlos. Asimismo, uno de los síntomas más frecuentes que suele producir este estado es el de un gran vacío, donde se corre el riesgo de caer en una depresión, dependiendo del grado de enamoramiento, incluso en demasiadas ocasiones, las personas acuden a caer en un consumo de alcohol o ansiolíticos inapropiados para intentar vencer este dolor… erróneamente.

Si bien este estado no distingue de sexos, si existen diferencias propias de la psicología masculina y femenina, porque tanto los hombres como las mujeres tienen un sistema neuronal de reforzamiento igual, por lo tanto, ambos dos se enamoran de la misma forma, y ambos dos sufren el desamor de igual manera, aunque sus comportamientos y su forma de poner remedio a ese dolor no sea la misma.

En este tema como en cualquier otro, el tiempo siempre es una baza que juega a nuestro favor, y este “mal” funcionamiento personal, vuelve a la normalidad pasado un periodo de tiempo que suele oscilar entre los 3 meses, llegando incluso hasta 12. Cuando se supera este periodo de tiempo sin lograr vencer ese vacío que hacíamos mención con anterioridad, las alarmas empiezan a sonar, y es muy recomendable apoyarse en un profesional para valorar nuestro estado emocional y así lograr que este recupere su buen estado, y sobre todo la ilusión de volverse a enamorar…

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