El peso del tiempo

Si sostengo un vaso con agua frente a ti y me dispongo hacerte una pregunta, seguramente pienses que te voy a preguntar que como ves el vaso, si medio lleno o medio vacío… pero no, te pregunto qué ¿cuánto crees que pesa?…

A esta pregunta tan simple puedes contestarme que unos 200 o 300 gramos; a lo que yo te respondería, que eso es lo de menos, lo más importante dependerá de cuánto tiempo lo sostenga.

Si lo sostengo un minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará.

El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve.

Pues bien, en psicología las preocupaciones son como el vaso de agua… Si piensas en ellas un rato, no pasa nada; si piensas un poco más empiezan a doler y, si piensas en ellas siempre, acabas sintiéndote paralizado y eres incapaz de hacer nada.

He querido compartir con todos vosotros esta metáfora porque estimo que es una buena invitación para reflexionar sobre nuestro papel sobre el malestar que producen los problemas y las preocupaciones con los que tenemos que lidiar a diario en nuestra vida.

Debemos saber que algunos de ellos los podremos evitar, pero, sin embargo, otros no y, entonces tendremos que saber manejamos para afrontar ese tipo de situaciones difíciles.

Cuando tenemos algo en nuestra cabeza y todo gira en torno a ella, se desencadena una respuesta de ansiedad que provoca dificultad de discernimiento y falta de atención. Bajo este estado se produce un descenso de oxigenación, un aumento de la presión y alteraciones en el riego sanguíneo; causas todas que nos llevarán a no ser capaces de ver el problema con la objetividad debida, ni a valorar otras opciones existentes.

Lo recomendable en esas situaciones es tratar de aparcar durante unos minutos la preocupación y relajarse, caminar, escuchar música o simplemente hablar con alguien que nos pueda aportar nuevas ideas desde una perspectiva objetiva.

Con el Mindfulness los psicólogos logramos cambiamos el foco de la atención y así ampliar la visión. Aprendemos a relajar la mente reduciendo la ansiedad y con ello conseguimos que todo fluya y seamos más capaces de ver las alternativas de solución que antes no veíamos.

Como siempre digo a mis pacientes, “Los problemas nunca se acaban, pero las soluciones tampoco”, y es por ello tenemos que sostener el vaso de agua el tiempo justo como para analizarlo, obtener información y saber a qué tengo que enfrentarme; entonces lo soltaremos, nos relajaremos y cuando el cuerpo y la mente estén al 100% y con una buena visión, valoraremos alternativas de solución y las llevaremos a cabo.

Por favor comparte sus pensamientos y experiencias a continuación; con ello, estarás ayudando muy posiblemente a otras personas como tú y yo…

                                                                                                       ¡Acuérdate de soltar el vaso!

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