En la penitencia va el castigo

Dicen que el peor castigo es el que cada uno de nosotros nos infringimos…

¿Te comiste ese helado que como un alma errante te llamaba desde el expositor de aquella heladería?… ¿Quizás repetiste de ese plato favorito al que no puedes resistirte a decir que “no”? … ¿Y después que???

Ese sentimiento de culpa nos invade, o incluso nos castigamos con palabras mudas, palabras crueles acerca de nuestra falta de voluntad. Nada peor que sentir vergüenza, de experimentar ese sentimiento de culpa y, como no, el inevitable arrepentimiento al pensar que eres el único o la única que no puede controlarse a sí mismo en temas como la comida…

¿Quizás te tumbaste en el sofá en vez de ir al gimnasio?… Por favor, no te castigues a ti mismo diciéndote que eres un “vago” comparándote con ese amigo o amiga que todos tenemos que se levanta a las 6 de la mañana todos los días y tiene un entrenamiento de una hora de duración… “¿Por qué yo no puedo? ¿Por qué tengo que ser así? mañana voy hacer lo de hoy de lo de mañana …”. 

Luego están esas otras ocasiones en la que has dicho algo estúpido, o has metido la pata hasta lo que no está escrito…

Todas esta acciones u omisiones nos pueden llevar a castigarnos psicológicamente hasta extremos que pueden cambiar nuestra perspectiva personal interfiriendo en nuestra relación para con lo demás… debemos de ser críticos, sí, pero con una crítica constructiva, jamás destructivista; no te castigues por la esa alimentación que te cuesta tanto controlar, mejor se tu mejor crítico y ponte en manos de un buen nutricionista que te de todas esas pautas alimenticias que necesita para tener una alimentación saludable y encontrarte bien contigo mismo,

Cuando dejamos de lado nuestras necesidades vitales, dejamos de divertirnos, dejamos de sentir felicidad con aquello que hacemos y sin darnos cuenta entramos en una espiral de ansiedad que a la larga nos hará pagar un caro precio por nuestros supuestos pecados o por nuestros terribles crímenes.

Por favor, no inventes historias falsas y dolorosas como “Nadie me amará si no pierdo peso…”, “He cometido demasiados errores en mi vida y, he tomado tantas malas decisiones que…”
Todas estas frases y tantas otras que pueden surgir de tu repertorio mental no conllevaban más que a hacernos sentir indefensos, rotos, a darnos pena… y como no, a rendirnos.

Debes pensar que “TODOS” somos humanos y, que en una u otra ocasión hemos cometido un desliz en esos menesteres y no por eso debemos castigarnos con duras palabras ni castigos innecesarios, en su lugar, debemos hacer una pausa y recabar información… pensar en que nos lleva a esos comportamientos… Quizás, simplemente te gusta el helado o, el brownie de chocolate negro es tu sabor favorito. O tal vez estás molesto y tiendas a recurrir a la comida y comer en exceso cuando estás molesto. Tal vez sea algo que le gustaría trabajar, porque la comida no es la respuesta a todas nuestras necesidades. Tal vez, no comes lo suficiente durante el día, y por eso te des esos atracones por la noche. Tal vez solo estás estresado y agotado por lo que, por supuesto, tu cuerpo tiene dificultades para levantarse e ir al gimnasio…

Todo esto es la información que nos hace falta recaba; no pienses que es un arma para usar contra ti mismo, no es una razón para apretar el gatillo, ni para declararte desahuciado, como alguien que no merece nada, un fracasado o un perdedor. Más bien, se trata de recoger esa información que podamos utilizar para cuidarnos de una manera compasiva y realista, con una perspectiva clínica y real.

Naturalmente, si tu has pasado años castigándote, esto se habrá convertido en un hábito difícil de cambiar; pero, aunque parezca un cambio complicado y difícil, tan solo se necesita tiempo y ayuda profesional… se trata revisar, actualizar, reducir y renunciar a todos esos “malos hábitos” que llevamos recopilando durante tanto tiempo.

Así que ya sabes, date la oportunidad de aprender auto-compasión (que es una habilidad) y sobre todo date la oportunidad de probar porque te mereces algo mejor.

 

Como siempre, por favor comparte sus pensamientos y experiencias a continuación; con ello, estarás ayudando muy posiblemente a otras personas como tú y yo…

 

 

 

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