La maté porque era mía

Desde que somos niños empezamos a sentir celos, por lo que en un principio podrían ser considerados como signo de inmadurez, inseguridad o temor a perder… pero también a un sentimiento de posesión, propiedad y de falta de confianza en sí mismo.

Estudios recientes arrojan información sobre que “Los celos están inscritos en nuestros genes“, desde el punto de vista de la evolución, con una función importante para los dos sexos: los hombres cuidan la fidelidad sexual de sus mujeres para estar seguros al menos en parte de que sus descendientes, en los que invierten su energía, sean realmente sus hijos, mientras que a las mujeres, en tanto, les interesa que sus parejas no permanezcan con otras mujeres pudiéndolas dejar solas con sus descendencias… por lo que  cierto grado de celos sería del todo “normal”, si fuéramos prehistóricos…, aunque en el lugar de algunos, tengo serias dudas. 

Sin represión

Sin duda alguna la clave de los celos es el temor a que la relación se vea amenazada. “La idea es que uno es el único para la pareja. Los celos surgen cuando este pacto no se cumple”. Por eso los celos no son algo que se deba reprimir. Los “pequeños celos” son incluso una declaración de amor y demuestran que el otro es importante para uno.  “Se da cuenta de que su pareja es atractiva para otros y eso hace que la valore más”.

Cuando son dañinos

Pero desgraciadamente hay “celos malignos”, basados en una fuerte inseguridad y una dependencia extrema de la pareja. Esto es más grave cuando se llega al punto de controlar a la pareja incluso sin motivo alguno.

El origen de estos celos suele estar en una vivencia de la infancia basada en la idea de que los vínculos no son confiables”. Lo único que ayuda en esos casos es trabajar sobre esas vivencias.

Todo depende de la dosis. “No hay un criterio único para determinar cuándo los celos son enfermizos”. “En última instancia lo deciden los dos integrantes de la pareja, que son los afectados”.
En estos casos se recomienda tratar de entender a qué se debe este sentimiento: ¿Es un problema que el celoso arrastra desde hace tiempo, como un miedo a la pérdida o inseguridad tras la infidelidad de una pareja anterior? “Los celos no necesariamente dicen algo sobre el estado de la actual relación”. Sino que celos también pueden ser un sistema de alerta temprana cuando se comprueba que le falta algo a la pareja. “Uno mira más de cerca y se pregunta: ¿seguimos teniendo proyectos juntos, o eso se perdió? ¿Nos preocupamos por el otro? ¿Cómo está el erotismo entre nosotros?”.

La relación entre los integrantes de la pareja debería reforzarse. También ayuda la introspección. Siempre que hay un “nosotros” y hay un yo. Quien no deposita toda su energía en su pareja, sino que también tiene amigos y autoestima, es muchos menos propenso a unos celos exagerados.
No todos los celos deben ser sometidos a debate. Sin embargo, si ese sentimiento silencioso y corrosivo no cede o uno nota que no son justificados, es hora de hablar. Lo mejor es hacerlo sin reproches ni enojo.

“Cuando se trata de celos injustificados, una conversación abierta puede detener la avalancha antes de que uno se enrede en malos pensamientos”.

Yo recomiendo en estos casos que la pareja que se ve confrontada a los celos del otro debería tratar de lidiar con el tema de forma delicada. Los miembros de la pareja pueden buscar juntos las causas y una solución. “Los dos hacen un balance y expresan sus deseos y necesidades”.

Como siempre, por favor comparte sus pensamientos y experiencias a continuación; con ello, estarás ayudando muy posiblemente a otras personas como tú y yo…

 

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