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De todas las razones que una pareja podría dar para explicar cómo o por qué su relación tiene problemas, la que probablemente se escuche con más frecuencia es “problemas de comunicación”.

¿Podría ser que el matrimonio o la relación en pareja de alguna manera hace que las personas sean incapaces de expresarse y entender a quien comparte nuestro lecho?… No creo, en realidad, el problema generalmente radica no en que no se pueden comunicar, sino que no saben hacerlo.

– Una mujer se queja de que su pareja pasa demasiado tiempo frente a la televisión, que no ayuda con las tareas domésticas, nunca la felicita por sus victorias y no le presta atención. Él dice que ella no lo respeta ni lo comprende, que pasa demasiado tiempo con sus amigas, y que le exige demasiado de su tiempo…. Ambos se quejan de los hábitos del otro y de la frecuencia con la que muestran su amor…-

¿Su problema es de comunicación?Está claro que sus necesidades, prioridades y expectativas son diferentes, y entran en un conflicto constante de malentendidos…. Ambos requieren algo del otro y parece que no pueden obtenerlo, de ahí la falta de entendimiento y la frustración.

En las relaciones, las comunicación a menudo se confunden con un “no me entiende, ni me escucha” y, en demasiadas ocasiones la razón radica en que la esposa no se expresa claramente porque no desea enojar a su marido y el marido no la entiende porque está demasiado ocupado ofreciendo excusas o negando que sus quejas sean válidas.

Cuando el enfoque cambia y se dirige hacia el conflicto real, entonces una pareja tiene algo en qué trabajar: un problema que realmente puede resolverse.

Su comunicación es nula porque ninguno desea parecer culpable. En realidad, no están intentando comunicarse, sino que luchan por el control, mientras intentan “parecer justos e inocentes”.

En lugar de discutir los detalles de lo que realmente quieren, el argumento viene a ser enmarcado en términos abstractos tales como apreciación, comprensión, respeto, cooperación y compromiso. Ambos deben trabajar para lograr una resolución, intentando posicionarse en el lugar del otro, y no seguir en una continua discusión inútil e irrelevante acerca de quién tiene la razón y quién tiene la culpa.

Cuando la culpa y el culpable se deja de lado, las demandas insostenibles se convierten en peticiones razonables. La empatía y el perdón surgen y los intereses en conflicto pueden ceder a la conciencia de un propósito común.

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