Media naranja con sabor a limón…

Cuando uno es joven (de edad ”aclaro”, porque de lo otro se puede ser durante muchos, muchos años) sentimos la imperiosa necesidad de encontrar un amor romántico, “nuestra media naranja”…, y la queremos con cada uno de sus gajos como nos han vendido tantas veces en el cine… poco a poco, con cada una de nuestras experiencias, vamos viendo que no existe como tal esa media naranja, o lo que es mucho peor, esta se acaba convirtiendo en un limón ácido que se “aguanta” hasta que la acidez del estómago es inaguantable…

Y como de salud hablamos; el estómago está directamente conectado con nuestro cerebro y este a su vez, debería estarlo con nuestro corazón, quizás así comprenderemos que no es bueno ni sano para las personas en general y para las mujeres en particular perpetuar la búsqueda de la media naranja, porque esta creencia no hace más que conseguir personas: inferiores, incompletas, inseguras, ansiosas, angustiadas y deprimidas en muchos casos.

Este objetivo de búsqueda de un amor romántico puede llegar a convertirse en un servilismo extremo o sumisión,  con conductas que además de no ser para nada sanas, pueden acabar en episodios de violencia de género.

La verdadera felicidad debe comenzar por sentirse uno mismo como persona plena y completa, valorando con mucho cuidado el continuo martilleo con lo que nos venden como “publicidad del amor” encubierta en muchas ocasiones como sexista y falo-céntrica, motivo por el cual, muchas personas a lo largo de su vida tienen que dedicar un tiempo a encontrarse y redefinir los valores que le han estado inculcando, entre ellos los referentes al amor y el sexo.

Cuando una persona empieza a valorarse, aprende a disfrutar y respetar a las personas tal y como son, ya que no seremos felices, ni dejaremos serlo si nos empeñamos en modelar a nadie a nuestro gusto, al igual que nadie debe pretender moldearnos a nosotros.

Resulta necesario, rodearnos de personas positivas, que nos hagan sentir bien, y debemos evitar en la mayor posibilidad a esas personas tóxicas que todos conocemos, esas que nos restan y nos hacen sentir mal. En el momento que dejes de exigir a otras personas, conseguirás que estas a su vez, tampoco te lo exijan a ti, por lo que tu bienestar aumentará y tu karma crecerá.

Cuando vienen a mi consulta las parejas y les escucho por primera vez, su discurso por lo general es que esperan que el otro/a haga lo que se espera que tiene que hacer, siendo esta una visión sesgada y subjetiva de cualquier situación concreta, y también al contrario lo que el otro/a quiere de ti.

Cuando aprendemos a ser dependientes en el amor y dejamos de esperar que otra persona haga lo que esperamos de ella, llegaremos a ser más felices y muy posiblemente nuestra pareja también.

Podríamos terminar este pequeño post, diciendo que cada uno de nosotros tenemos que conocernos bien antes de intentar conocer a nadie, debemos aceptarnos y creer en las personas que nos rodean, aquellas que nos aportan algo importante para nosotros… olvida que ahí fuera esta una persona que es la mitad tuya, porque tú eres una naranja completa, en una cesta llena de frutas que muy posiblemente estén deseando formar contigo una dieta equilibrada…

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