Padres tóxicos

Los padres más tóxicos son aquellos que no se ven en absoluto como tal… Para el mundo exterior aparecen como los padres más normales de todos, y lo peor es que sus hijos ni siquiera saben que están siendo envenenados poco a poco… quizás sea el momento de actuar antes de que sea demasiado tarde.

Algunos padres ejercen abusos de toda índole sobre su hijos e hijas; tanto abusos de tipo verbal, abusos físicos, como abusos con connotaciones sexuales.

El verdadero problema radica en que, en demasiadas ocasiones, los menores no son conscientes de la gravedad de este tipo de abusos o bien es el miedo a las posibles represalias, lo que les lleva a guardar silencio.

Una de las funciones de los Psicólogos Forenses es la de desenmascarar este tipo de atentados contra las personas y, sobre todo ayudar a predecir y a controlar estos y otros abusos para minimizar su daño futuro.

Volviendo un poco a las características de estos padres, aclarar que en muchas ocasiones se enmascaran tras buenas apariencias o cargos importantes de índole laboral… en este caso, el estatus económico o social no hace distinción sobre este tipo de delito…  Frecuentemente gozan de buena consideración en sus relaciones sociales y círculos cercanos, lo que afianza en sí, sus atroces actos, convirtiéndose así su toxicidad en letal ya que sus fechorías están a muy bien recaudo. Nadie podría pensar que estas personas tienen un solo pensamiento malo porque ni ellos mismos lo llegan a valorar así…

Recientemente tuve un caso de una madre con problemas mentales, la cual trataba a su hija mayor como si ella fuese la que estuviera perturbada. La madre proyectaba su propia perturbación en esta hija en particular. La madre estaba en completa negación de su propia perturbación, pensando que era su hija quien estaba perturbada y quien necesitaba ayuda… Como hija (a la que llamaremos Ana) creció junto a sus hermanos y hermanas más jóvenes, quienes siempre pensaron que Ana tenía problemas mentales y por tal motivo la trataban de la misma manera que su madre la trataba.

En la crianza normal y saludable, el ego de un niño se fomenta a ser lo que es y se evoca a hacerle sentir el juicio adulto y maduro de sus progenitores, quienes manifiestan unos instintos sanos y dignos de confianza.

En el caso a que nos referimos el tipo de “crianza tóxica” a la cual se veía empujada Ana le hacía sentir “anormal”, con unos juicios desequilibrados y con unos instintos no saludables, lo que la convirtieron en una adolescente poco fiable en sus actos y nada sensible de cara a los demás.

La madre de Ana interpretó el papel de la madre sufrida. Ella vino a la consulta acompañada de su hija porque estaba muy preocupada por ella y su perturbado comportamiento… Por otra parte, Ana había intentado una y otra vez demostrar los rasgos que su madre padecía, pero nadie en su familia (padre, hermanos, abuelos, etc.) se percató de la versión de la adolescente.

La perturbación que presentaba la madre tenía una clara intención o necesidad de demonizar a un determinado hijo, y nada hasta la fecha había hecho disuadirla de ese error. Su necesidad era inconsciente y en este caso generada por una educación en la que algo similar sucedió con ella. Se trata de un tipo particular de narcisismo que yo llamo el síndrome de “Padres Tóxicos”.

Para su madre, Ana era inexorablemente retorcida, lo que la llevo a renunciar de ser buena y comenzó a ser el “demonio” que su madre quería que fuera. Eventualmente, comenzó a odiar a su madre. “Quiero matarla“, fueron sus primeras palabras en la primera visita a mi consulta… a lo que su madre respondió, llorando. “No sé por qué me odia tanto si yo hago todo lo mejor para ella… Mi marido y yo hemos intentado todo lo imposible para ayudarla, pero ya no sabemos a quién pedir ayuda…”

Ana comenzó a actuar como un verdadero “demonio” en todos los ámbitos; en el hogar y en la escuela y, en el momento en que ella llegó a la adolescencia temprana fue ingresada en un hospital mental.

Su madre sollozaba incontrolablemente cuando me narraba el recuerdo de firmar los papeles para ingresarla en aquel psiquiátrico, como ella aludía. Su marido permanecía estoico ante los hechos y sus hermanos y hermanas no se sorprendieron de aquel ingreso.

Por otra parte, Ana se sintió aliviada al ser ingresada en aquel lugar porque había otros pacientes con las mismas características que ella. Además, allí la escuchaban y trataban de entenderla y hasta comprendían cómo había podido llegar a ese punto.
El problema vino cuando algunos miembros del personal del hospital manifestaron que las visitas de la familia eran tóxicas para Ana y, recomendaron mantenerla incomunicada… Ana siempre supo que no estaba tan perturbada como su madre le hacía sentir… al cabo de pocos meses debido a problemas económicos, Ana fue enviada de nuevo a su casa, volviendo los comportamientos desadaptados a aflorar en ella…

Estos casos tan complicados y difíciles de detectar ocurren todo el tiempo y nadie sabe acerca de ellos. Un padre-perturbado que puede ser una madre o un padre u otro tutor-proyectará su perturbación a un niño en particular. A menudo es una hermosa e inteligente niña, alguien que está amenazando en su frágil ego… Padres que tal vez tuvieron una infancia teñida de oscuridades afectivas, en las que ellos mismos fueron intoxicados por sus propios padres…desgraciadamente estas cosas pueden pasar de generación en generación.

El abuso emocional de este tipo casi nunca se detecta a tiempo, pero cuando se tiene la suerte de detectarlo, hay que actuar sin demora con todos los medios al alcance.

Cuando un padre o una madre lleva a un niño pequeño a un pediatra, ¿a quién va a escuchar el médico, al padre o a la madre, o al niño?… El padre grita y sacude al niño porque este no deja de llorar y, dice que él o ella ha hecho todo lo posible pero ese niño o niña no es “normal”. “¿Qué más puedo hacer? Por favor, dígame, doctor…”.

El médico va a escuchar a los padres. El niño está demasiado confuso, demasiado trastornado para hablar de manera coherente sobre lo que está pasando. Si el niño dice algo como: “Ella me está volviendo loco, con todos los demás actúa de manera amable, pero conmigo es todo lo contrario… ” el médico a responder: ” No, no, estoy seguro de que su madre (o el padre) tiene buenas intenciones“… Nadie quiere escuchar lo que este niño está diciendo.

En tales casos, la alteración de los padres permanece oculta, proyectada sobre el niño. En un cierto nivel el niño ve este engaño y se confunde, se enoja y finalmente enfurece. El padre expresa profunda simpatía por el niño, orientando a sus hermanos y otros familiares a expresar la máxima empatía tratando de apoyarle, pero el sumiso (niño/a) está bajo el dominio del “padre tóxico”.

Estos niños tienen la sensación de que la vida ha sido injusta con ellos por capricho del destino. Se convierten en las personas perturbadas y, comienzan a actuar cada vez de forma más “incorrecta”. La toxina está muy dentro de ellos convirtiéndoles en personas impotentes ante los acontecimientos y, lo peor, es que el mundo se solidariza con los pobres padres que tienen que tratar con estos niños “perturbados”.

 

Como siempre, por favor comparte sus pensamientos y experiencias a continuación; con ello, estarás ayudando muy posiblemente a otras personas como tú y yo…

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