Tiritas para el duelo

La muerte de un ser querido es sin duda alguna, la herida emocional más dolorosa que puede sufrir el ser humano y, muy al contrario de lo que se refleja en el antiguo proverbio: “el tiempo cura todas las heridas” de no tratarla, está herida puede con el tiempo, convertirse en una cicatriz para la psique.

El duelo es un proceso psicológico por el cual la persona debe mantener una lucha dolorosa y prolongada para reconocer la realidad de la pérdida, a la que se opone una fuerte falta de voluntad para abandonar el apego al ser perdido.

La pérdida que uno experimenta cuando alguien cercano ha muerto, no es solo la sensación de que ese alguien se haya ido, sino que ya no volverá.

Cuando amamos a alguien de una manera especial y esta es muy importante en nuestras vidas, a su perdida procesamos toda una gama de pensamientos, sentimientos y recuerdos de experiencias vividas, que están unidas a su existencia y su presencia en nuestra vida.

Es duro imaginar por ejemplo, saber que estamos acostumbrados a despertarse por la mañana con nuestra pareja al lado y que un día eso pueda dejar de ser así…

El simple acto de despertar y levantarse, implica una serie de pensamientos y sentimientos relacionados con la expectativa de que esta persona estará allí junto a nosotros, convirtiéndose en una realidad de la cual depende nuestra energía psíquica.

El proceso del duelo conlleva reconocer que la realidad ha cambiado y liberar la energía psíquica para invertir en nuevas experiencias y relaciones o, en las nuevas realidades de la vida.

Este proceso de lucha, es necesario par adaptarse a la nueva realidad marcada por la ausencia del ser querido y, aunque suene duro, “soltar” pararecuperar la energía psíquica” de cada objeto, cada recuerdo o, cada experiencia asociada con la persona perdida.

En la mesa donde comemos, hay recuerdos y sentimientos asociados… el sofá donde pasamos tantas tarde acurrucados, guarda cientos de secretos… o quizás esa taza de café donde solía desayunar todavía está llena de las palabras que habló…, la forma en que olía y el sonido de su voz.

En cada sonido de la casa, un olor, una palabra, una imagen o un objeto que trae a la persona amada a la mente, hay una intensificación del sentimiento de su presencia, y también de su ausencia…

La tendencia humana es negar la nueva realidad e infundir en la memoria sentimientos suficientes para que la pérdida se deshaga y el mundo vuelva por un momento a ser como era.

Por eso el proceso implica tocar los recuerdos y hacer que la persona fallecida vuelva a la vida en forma de sentimiento, para conectarse gradualmente con nuestra conciencia, con el fin de que valoremos que no pertenece al pasado, sino al presente logrando separar la memoria de la esperanza.

Lo que sabemos, es que con el tiempo y los recuerdos dolorosos, gradualmente aprendemos a unir nuestros pensamientos y sentimientos, a nuevos recuerdos y nuevas experiencias.

Porque solo hay una camino y, este es hacia delante, ya que para “recuperar la energía perdida, uno tiene que sufrir la pérdida en pequeñas dosis a lo largo de cada paso del camino, hasta que un día sonriamos otra vez.


{ 0 comments… add one }

Leave a Comment

Estemos en contacto...

Estemos en contacto...

Déjame enviarte directamente a tu correo todas las novedades del sitio.
Me encantará estar en contacto contigo y escuchar tu opinión acerca de
los artículos que voy publicando.