Esa también es tu madre

He escrito sobre el abuso verbal y la forma cultural que tienden a minimizar el impacto de las “palabras hirientes” que muchas veces los padres pronuncian a sus hijos e hijas, pero creo que vale la pena volver a examinar este tema desde una perspectiva diferente, menos preocupado con las palabras en sí mismo, y más por las conclusiones extraídas de las declaraciones por algunas madres.

Debido a la indiscutible realidad sobre que las madres reciben una “mayor carga” en la crianza de los hijos, estas, suelen “dañarlos” más en las pequeñas discusiones donde en ocasiones de propinan esas palabras hirientes a las que nos referimos… si bien y para ser justos, también deberíamos valorar todas aquellas ocasiones en las que también les ofrecen dulces palabras de amor, gestos dulces, o se desviven alimentándoles o vistiéndoles y, sobre todo dándoles toda la seguridad que da tener un techo sobre sus cabezas. Pero… incluso un orfanato ofrece esos servicios, ¿no es cierto?

Les pediría que tengan en cuenta la forma en las que se han producido varios suicidios de adolescentes que en algún momento de sus vidas se han sentido intimidados o incomprendidos por sus padres…

Las mitologías que rodean la maternidad difunden que esta es instintiva, que todas las madres aman, que ese amor maternal es siempre incondicional… y efectivamente esto nos impide tener una verdadera discusión acerca de cuántos niños y niñas realmente no tienen sus necesidades emocionales cubiertas y cuántos de ellos durante su infancia se ven heridos de una manera u otra.

Debemos tener en cuenta de que no comenzamos a tratar el daño emocional causado por las palabras hasta que estas denigran o humillan a un niño y, les hacen sentir infelices e indignos. La ciencia nos ha demostrado que las palabras hieren con tanta agresividad o más si cabe que los propios los golpes físicos. La agresión verbal, literalmente, cambia la estructura del cerebro en desarrollo.

Los padres gobiernan el pequeño mundo del niño que va desde la infancia a la niñez.  Sus parámetros son dictados por los progenitores, quienes deciden que el niño entre o no en contacto con el resto de estímulos necesarios para un desarrollo pleno…  Ese niño necesita confiar en el amor de su madre, en su orientación y su apoyo y, por ello va a internalizar las lecciones aprendidas en su hogar como “verdades” y sobre cómo funcionan las relaciones en el mundo que le rodea.

He llegado a elaborar una lista de lo que yo llamo “verdades” algunas de las cuales en realidad son recuerdos de amigos que me rodeaban en mi propia infancia y, el daño (voluntario o no) que sus madres les causaban.

  1. El amor se gana.

Los hijos de madres carentes de amor describen las estrategias que utilizan para arrebatar alguna manera el amor de sus madres, por ejemplo, trayendo a casa buenas notas, hacer las tareas adicionales, ayudando en lo que se le pueda…, y sobre todo teniendo cuidado de no disgustarles.

Ellos llegaron a una única conclusión acerca de qué es el amor y cómo se contrae, extraída de una fórmula mágica que se encuentra fuera de su alcance, que este, nunca se da libremente, porque de alguna manera ellos no lo merecían y no eran dignos de ese amor. Estos niños a menudo crecen hasta convertirse en adultos desconfiados incapaces de amar sin condiciones… creyendo que el amor que les ofrecen no es más que un motivo que los llena de ansiedad en lugar de reconfórtales.

  1. No son niños malos.

Todos los niños cometen errores y desobedecen las reglas …, pero la madre sin atributos de amor es la que predispone sobre el carácter esencial de su hijo y, sobre su comportamiento.
“Un jarrón no se rompe porque el exterior estaba mojado y este se deslizó a través de los dedos de su hija, sino porque ella es estúpida, descuidada…”. “Su nuevo suéter rojo desaparece de su taquilla y es una prueba clara de lo inútil e ingrata que es con lo que tiene… no merece todo lo que posee y que tanto esfuerzo cuesta” …

Cada accidente es personalizado y entendido como una función de la inutilidad de la hija. Estas palabras se internalizan y se convierten en una parte de la voz autocrítica de la hija, en un coro inconsciente que le dice que ella es mala que y no es merecedora de la felicidad.

  1. Los niños deben ser vistos, no escuchados.

La bofetada que una madre propina a su hijo, no sólo articula su poder físico, sino que también transmite el mensaje de que pensamientos y sentimientos de un hijo no vale la pena escuchar. Este tipo de desprecio a veces se articula como “No me importa lo que pienses o digas” lo que hace que el hijo desconfié de sí mismo y su comprensión de la experiencia. Este tipo de conflicto entre el interior y el exterior, es todo lo contrario de la validación que una madre amorosa otorga a su hijo, además es altamente destructivo porque es interiorizado y, se convierte en una forma predeterminada e inconsciente de pensar en sí mismo y difícil de desaprender.

  1. Los “hombres” no lloran (independientemente que sean niños…)

La vergüenza es el arma más desagradable en el arsenal de la madre sin amor y por desgracia, muchas optan por utilizarla muy a menudo y libremente. Humillar a un niño en este modo particular limita sus sentimientos y les hace vulnerables… Este es un tipo específico de abuso donde un hijo recibe en respuesta de una causa-objeto, llevándole a eliminar sus emociones con el fin de asegurar a sí mismo que debe ser un “niño grande”, olvidando que es tan solo un niño. También se da mucho en menores que sufren trastornos de la alimentación u otros patrones autodestructivos.

La idea de que algunas madres podrían ser tiranos va en contra de todos los mitos que apreciamos sobre la maternidad y el amor maternal, pero eso no quiere decir que no es cierto…

Como siempre, por favor comparte sus pensamientos y experiencias a continuación; con ello, estarás ayudando muy posiblemente a otras personas como tú y yo...

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