Espero que bailes

Hace ya algún tiempo que empecé a ver la vida de una forma diferente, no sabría decir ni en qué momento, ni porque situación; lo que sí sé, es que me había olvidado de esa magia que nos da sentido y, cómo nuestra voluntad de “bailar” a través de la vida es lo que hace que nuestro tiempo en este mundo valga la pena.

Cada vez que en mi vida suena una “canción” me levanto y “bailo” y, aunque al principio tengo que admitir que realmente no me apetece, una vez que estoy de pie y bailando, recuerdo cómo las pequeñas cosas de la vida son realmente las que marcan toda la diferencia. Recuerdo a la persona que solía ser una vez y me doy cuenta de cuánto la echo de menos…

Había olvidado cuánto solía ser como mi hijo. Podía bailar durante horas, reír incesantemente sobre tonterías, y mirar sin cesar en las maravillas de la vida temerosa. Me sentaba detrás de la ventana sólo para ver la lluvia, miraba el cielo por la noche para ver la inmensidad de las estrellas y, trataba de hacer formas con las nubes del cielo cuando permanecía tumbado en la piscina… Me maravillaba con la belleza del universo cada vez que tenía la oportunidad. Yo bailaba incluso cuando nadie estaba bailando, porque mi curiosidad trataba de descubrir todo lo que pudiera sobre el mundo y, buscar aventuras para explorarlo.

Y entonces la vida pasó; me puse tan centrado en ser un adulto que me olvidé del espíritu libre y salvaje que habitaba dentro de mí. Empecé a tomar la vida demasiado en serio, trabajando muy duro en lograr lo que pensaba que los adultos se suponía debían lograr. Desafíos que me dieron un sentido de la dirección, pero que me impidieron en su momento disfrutar de la vida que se presentaba frente a mí. Sin darme cuenta, dejé de bailar…, dejé de reír y, dejé de vivir el momento…

Muchos de nosotros pasamos por la vida tan centrados en lograr “grandes” cosas, que nos olvidamos en el camino, disfrutar de lo ordinario. Nos engaña la idea de que la felicidad sólo es posible una vez que alcanzamos los objetivos que buscamos. Y de repente nuestra vida es todo trabajo y no juego. Comenzamos a trabajar más duro pensando que mientras más trabajamos, más felices seremos y así, un día, y otro y otro…

Hace unos años escribí un articulo sobre la felicidad donde hablaba de una mujer de 80 años que en una ocasión me comentó cómo había seguido varias carreras a lo largo de su vida, había vivido en diferentes países, había pasado por varios matrimonios y a pesar de todo ello y de su edad, todavía no había encontrado la clave de la felicidad. Ella seguía buscándola, pero no podía encontrarla en ningún lugar. ¡Y ese era precisamente el problema!… Ella estaba buscando algo que no se encontraba en ninguna parte. Era algo que tenía que construir por sí misma y, después de todo lo que había pasado, todavía no podía verlo.

Increíblemente es así, las circunstancias de nuestra vida sólo representan el 10% de nuestra felicidad. Podemos mudarnos a un paraíso, ganar más dinero y, establecer una carrera próspera, pero después de un tiempo nuestro nivel de felicidad no será muy diferente. Con el tiempo nos adaptamos y las circunstancias que al principio marcaron tal diferencia, ya no lo hacen.

Entonces, ¿qué hacer?… Tomar decisiones día a día; Conectarnos con la gente que amamos; Involucrarnos en nuestras pasiones; Estar presente lo suficiente para notar las maravillas del mundo que nos rodea y, sentirnos agradecidos por todo lo que tendemos a subestimar… eso, que es realmente tan mágico si sólo pudiéramos abrir los ojos para notarlo.

Ahora, no estoy abogando por una vida sin propósito llena de disfrute y contemplativa. No creo que la verdadera felicidad sea posible de esa manera. Todos necesitamos un “por qué”, una razón para levantarnos de la cama todas las mañanas y aprovechar las oportunidades que encontramos significativas. Sin embargo, tanto como necesitamos encontrar objetivos y sueños a los que aspirar, tenemos que aprender a encontrar contentamiento a lo largo de cada paso del camino. Disfrutar de las pequeñas victorias y darnos cuenta de que ni siquiera se trata de ganar en absoluto. Puede ser que estamos aquí para sacar el máximo provecho de nuestro viaje mientras construimos conscientemente cada paso con significado y propósito. Apreciar los momentos con los que amamos y tener un infierno de un tiempo mientras estamos en ello.

Así que hoy espero que tengas el coraje de crear una vida que encuentres gratificante, una vida de la que te sientas orgulloso u orgullosa y, que refleje los anhelos más profundos de tu alma. Pero, sobre todo, espero que lo encuentres en ti para disfrutarlo de verdad. 

Déjate llevar por cada momento, y cuando tengas la opción entre sentarte o bailar… Espero que bailes.

 

 

 

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