Prevenir el suicidio juvenil

¿Por qué tantos de nuestros niños y jóvenes terminan con sus vidas?… 

Noticias recientes muestran que las hospitalizaciones derivadas de pensamientos suicidas e intentos de suicidio entre los niños/as de 5 a 17 se duplicaron entre 2008 y 2017, entre los rasgos de edad comprendidos entre los 15 y 17 años la muestra es mayor.

La noticia se produce a menos de un año después de que unos queridos amigos perdieran a su hijo adolescente en un suicidio y, sólo tres años después de que el Centro Nacional para el Control y la Prevención de Enfermedades observará que la tasa de muertes por suicidio se había duplicado para niños de 10 a 14 entre 2007 y 2014.

La dolorosa realidad es que los miembros más jóvenes de la sociedad están recurriendo al suicidio con el sostenido aumento de frecuencia, lo que representa un tsunami de angustia entre los supervivientes y un profundo fracaso social. “Debemos cambiar esto”.

Como profesional de la salud mental, he visto de cerca las cargas de la depresión adolescente, y sé muy bien lo que se siente al confundir los signos de desesperación con los síntomas típicos de la angustia adolescente. Esto golpea a diario a muchas casas con adolescentes entre sus paredes que no saben cómo actuar.

Necesitamos urgentemente más investigaciones sobre las causas de este precipitado aumento en el número de niños y adolescentes que sienten que la vida no es digna de ser vivida. Algunos expertos culpan a la prevalencia de la intimidación cibernética y, en ese mismo orden de ideas, los sentimientos de aislamiento y la exclusión desatadas por los medios de comunicación social. 

Claramente, el número es creciente de jóvenes con necesidades de salud mental y puntos para diagnósticos, sobre todo en las zonas rurales. 

Algunas de las investigaciones más rigurosas ha puesto de manifiesto que el tratamiento funciona, y que la gran mayoría de los adolescentes pueden recuperarse de la ansiedad y la depresión con una combinación de medicamentos y Terapia Cognitivo Conductual (TCC), una forma de psicoterapia diseñada para ayudar a los pacientes a crecer en su control emocional y cognitivo mediante la identificación y la gestión de los factores desencadenantes que les llevan a contemplar o llevar a cabo la autolesión.

La cruda realidad actual es que el número de profesionales de la salud mental cualificados expertos certificados en TCC es sorprendentemente baja en todo el país. Esta brecha se explica por qué las personas con demasiada frecuencia jóvenes reciben servicios de salud mental sólo después de que su condición y siempre después de que hayan entrado en un deterioro dramático que hacen que terminen en una sala de emergencias de un hospital.

Ante estos hechos, los padres en una primera instancia son los encargados de cuidar de sus hijos durante la enfermedad y, se recomienda actitud positiva, ya que sus hijos están luchando para sobrevivir a la enfermedad de la depresión, o una enfermedad mental que los hacen considerar poner fin a su propia vida.

En este duelo, entran aspectos ambientales tales como la propia escuela, la familia, las presiones sociales, los grupos de pares, las hormonas y, sobre todo, cuerpos cambiantes que pueden plantear serios desafíos.

Ahora imagina lo que debe ser librar esa batalla como una persona joven, sola, sin hogar, sin un adulto para guiarle, sin amor y, sin nadie que se preocupe por él por ella…

Hay mucho de qué preocuparse en referencia a los jóvenes con familias desestructuradas, niños sin hogar. En comparación con su grupo de pares con un techo seguro sobre sus cabezas (los adolescentes sin hogar son tres veces más propensos a intentar suicidarse).

Un estudio realizado en el año 2016 adultos mostró que las tasas de pobreza tienen una alta correlación con las tasas de suicidio. Y la reciente investigación también ha demostrado que la tasa de suicidios casi se duplicó para los niños negros entre la década de 1990 y 2015, mientras que se redujo para los niños blancos. También sabemos que el colectivo LGTB de adolescentes; lesbianas, gays y bisexuales… en la escuela media y alta son el doble de propensos para intentar suicidarse que sus pares consecutivos. En algunas ciudades, los jóvenes LGBT constituyen el 40 por ciento de la población de jóvenes. Las probabilidades son peores para las personas trans, que tienen nueve veces más probabilidades de intentar suicidarse, en comparación con sus pares cisgénero.

Necesitamos servicios más completos de salud mental para los jóvenes. Pero eso no ocurrirá hasta que no saquemos a la luz pública este gran problema y, abandonemos el estigma que nos mantiene en un susurro y comencemos a hablar en público sobre la prevalencia de la depresión y la ansiedad. 

No vamos a curar lo que no podemos ver”. 

Se lo debemos a los jóvenes que ya han perdido sus vidas y, a los que están pensando en abandonar su lucha por vergüenza o por culpa y, hacer crecer una cultura paliativa para esta enfermedad. 

  • Si conoces a un adolescente que puede estar experimentando depresión, es crucial para él o ella buscar ayuda psicológica…
  • Si le preocupa que su hijo está considerando el suicidio, debe ser directo y preguntarle; No se ande por las ramas. 
  • Si cree que su hijo puede querer poner fin a su vida, es el momento para que los padres tomen medidas. No sólo esperar que todo sea una mala etapa y que va a mejorar “.

Tómalo de alguien que ha sido testigo del milagro de la recuperación de la depresión en muchas personas jóvenes en los últimos años y, todo ello con tratamiento psiquiátrico y psicológico, sumado al amor que solo saben dar unos padres.

Como siempre, por favor comparte tus pensamientos y experiencias a continuación; con ello, estarás ayudando muy posiblemente a otras personas como tú y yo…

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