09 Oct INFIDELIDAD Y REINCIDENCIA EN LAS RELACIONES DE PAREJA: ANÁLISIS PSICOLÓGICO, CLÍNICO Y CUANTITATIVO DE LOS FACTORES ASOCIADOS EN HOMBRES Y MUJERES ADULTOS EN ESPAÑA
Resumen
La infidelidad constituye una de las conductas con mayor capacidad potencial para alterar la estabilidad, confianza y continuidad de una relación de pareja. Sin embargo, la evidencia científica no permite reducirla a una característica estable de personalidad ni establecer que una persona que ha sido infiel vaya necesariamente a repetir la conducta. El objetivo de este trabajo es analizar, desde una perspectiva psicológica clínica y cuantitativa, en qué medida la existencia de una infidelidad previa se relaciona con una mayor probabilidad de reincidencia y qué variables pueden aumentar o disminuir dicho riesgo, prestando especial atención al sexo, la edad, las características de la relación, la personalidad, la regulación emocional, la satisfacción de pareja y la sociosexualidad.
Se realiza una revisión de literatura científica, complementada con datos nacionales procedentes del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), particularmente del estudio 3501, Relaciones sexuales y de pareja, publicado en 2025. Este estudio es cuantitativo, de ámbito nacional y dirigido a población de 18 años o más; incluye variables relacionadas con sexo, edad, duración de la relación, situación de pareja y relaciones sexuales fuera de la pareja.
La evidencia longitudinal más directamente relacionada con la reincidencia procede de Knopp et al. (2017), quienes siguieron longitudinalmente a 484 adultos a través de dos relaciones de pareja. Los participantes que habían comunicado conducta sexual extradiádica en la primera relación presentaron aproximadamente tres veces más probabilidades de comunicar la misma conducta en la siguiente relación. El efecto se mantuvo al controlar variables demográficas y no dependió del sexo ni del estado civil. Sin embargo, los propios autores advierten que la mayoría de quienes habían sido infieles en la primera relación no volvieron a comunicar la misma conducta durante el periodo observado, por lo que el resultado debe interpretarse como incremento de riesgo y no como determinismo conductual.
La revisión sistemática de Haseli et al. (2019), que identificó 82 estudios relevantes entre más de 5.000 registros iniciales, respalda una conceptualización ecológica y multifactorial de la infidelidad, en la que intervienen factores individuales, relacionales, contextuales y socioculturales.
En conclusión, la evidencia disponible permite afirmar que una historia previa de infidelidad constituye un factor de riesgo para la reincidencia, pero no permite considerar la infidelidad como un rasgo irreversible. Desde una perspectiva clínica, la probabilidad futura parece estar condicionada no sólo por el antecedente, sino por la persistencia de los mecanismos que favorecieron la conducta inicial y por la capacidad de la persona para modificarlos.
Palabras clave: infidelidad, reincidencia, conducta sexual extradiádica, pareja, psicología clínica, personalidad, apego, regulación emocional, sexo, edad, España.
Abstract
Infidelity is one of the behaviors with the greatest potential to disrupt relationship stability, trust and continuity. However, scientific evidence does not support conceptualizing infidelity as an immutable personality characteristic, nor does it establish that individuals who have been unfaithful will inevitably repeat the behavior.
This paper examines, from a clinical psychological and quantitative perspective, whether previous infidelity increases the probability of subsequent infidelity and which individual, relational and contextual factors may influence this risk. Particular attention is given to sex, age, relationship satisfaction, communication, personality, emotional regulation and sociosexuality.
The Spanish context is examined using data from the Spanish Centre for Sociological Research (CIS), particularly Study 3501, Sexual and Couple Relationships, a nationally representative quantitative survey of adults aged 18 and older that includes variables concerning sex, age, relationship characteristics and extradyadic sexual relationships.
Longitudinal evidence from Knopp et al. (2017), based on 484 adults followed across two romantic relationships, indicates that participants who reported extradyadic sexual involvement in their first relationship were approximately three times more likely to report the same behavior in their subsequent relationship. Nevertheless, most participants with a previous history of infidelity did not report repeated infidelity during the observation period.
The findings support a probabilistic rather than deterministic model. Previous infidelity should therefore be conceptualized as a risk marker rather than a diagnosis or fixed personality trait.
Keywords: infidelity, serial infidelity, romantic relationships, clinical psychology, personality, sociosexuality, sex differences, age, Spain.
1. Introducción
La infidelidad es un fenómeno ampliamente estudiado dentro de la psicología de las relaciones íntimas. A pesar de ello, continúa existiendo una considerable heterogeneidad en su definición y medición.
En términos generales, puede entenderse como la participación de una persona vinculada a una relación de pareja en conductas sexuales, emocionales o románticas que vulneran las expectativas de exclusividad establecidas explícita o implícitamente entre los miembros de la relación.
Esta definición presenta una dificultad metodológica fundamental: no todas las parejas establecen los mismos límites.
Para algunas personas, una conversación sexual por redes sociales constituye una infidelidad. Para otras, la infidelidad comienza únicamente con el contacto sexual presencial.
Esta cuestión adquiere especial relevancia en el contexto digital.
El CIS, en su estudio 3501 de 2025, incorpora precisamente las relaciones sexuales fuera de la pareja como variable de estudio y dispone de resultados desagregados por sexo y edad.
Por tanto, el fenómeno no debería estudiarse únicamente desde una perspectiva sexual, sino también desde una perspectiva:
– psicológica;
– relacional;
– conductual;
– sociológica;
– generacional;
– clínica.
La pregunta principal de este trabajo es:
«¿Una persona que ha sido infiel tiene mayor probabilidad de volver a serlo?»
Pero una segunda pregunta resulta todavía más relevante desde la Psicología Clínica:
«¿Qué características diferencian a la persona que comete una infidelidad aislada de aquella que desarrolla un patrón repetitivo de infidelidad?»
2. Objetivos
2.1. Objetivo general
Analizar la relación entre antecedentes de infidelidad y probabilidad de reincidencia en relaciones posteriores, considerando factores individuales, relacionales y sociodemográficos y contextualizando la evidencia disponible en la población adulta española.
2.2. Objetivos específicos
1. Examinar la evidencia longitudinal sobre reincidencia.
2. Analizar diferencias relacionadas con el sexo.
3. Examinar la influencia de la edad.
4. Analizar el papel de la satisfacción de pareja.
5. Estudiar la importancia de la comunicación.
6. Analizar variables de personalidad.
7. Examinar el papel de la sociosexualidad.
8. Analizar regulación emocional e impulsividad.
9. Diferenciar infidelidad aislada de infidelidad serial.
10. Identificar factores potencialmente protectores.
11. Proponer un modelo estadístico para estudiar la reincidencia en España.
12. Formular implicaciones para la evaluación y la intervención clínica.
3. Marco conceptual
3.1. Infidelidad sexual
La infidelidad sexual hace referencia a mantener contacto sexual con una tercera persona fuera de la relación.
Es la forma de infidelidad que más fácilmente puede ser operacionalizada cuantitativamente, dado que permite establecer una variable dicotómica:
0 = ausencia de conducta sexual extradiádica
1 = presencia de conducta sexual extradiádica
Precisamente esta operacionalización fue utilizada por Knopp et al. para analizar longitudinalmente la reincidencia.
4. Infidelidad emocional
La infidelidad emocional presenta mayor dificultad de medición.
Puede incluir:
– intimidad emocional secreta;
– enamoramiento;
– intercambio afectivo oculto;
– conversaciones románticas;
– dependencia emocional de una tercera persona.
El problema científico reside en establecer el límite entre amistad, intimidad y conducta infiel.
Por ello, una investigación rigurosa debería preguntar por conductas específicas y no exclusivamente:
«“¿Has sido infiel?”»
La segunda pregunta puede producir errores de medición derivados de diferentes interpretaciones del concepto.
5. Infidelidad digital
Las tecnologías digitales han modificado el fenómeno.
Actualmente pueden existir:
– sexting;
– conversaciones sexuales;
– intercambio de fotografías;
– aplicaciones de citas;
– relaciones virtuales;
– contacto con exparejas;
– encuentros organizados mediante redes sociales.
El CIS ha incorporado expresamente estas dimensiones en su investigación sobre sexualidad y pareja. El estudio 3501 incluye variables sobre relaciones sexuales fuera de la pareja y permite analizar los resultados por sexo y edad.
Esto plantea una cuestión importante: la infidelidad del siglo XXI no puede estudiarse únicamente como una conducta sexual presencial.
6. La pregunta central: ¿se repite la infidelidad?
6.1. Evidencia longitudinal
La investigación más directamente relacionada con esta pregunta es el estudio de Knopp et al. (2017).
La muestra estuvo formada por 484 adultos seguidos longitudinalmente durante aproximadamente cinco años dentro de un estudio más amplio sobre relaciones románticas. Los participantes aportaron información sobre al menos dos relaciones de pareja.
El resultado principal fue:
«quienes habían informado de conducta sexual extradiádica en la primera relación presentaban aproximadamente tres veces más probabilidades de informar de la misma conducta en la siguiente relación.»
Este resultado se obtuvo mediante modelos de regresión logística. Además, el efecto se mantuvo independientemente del sexo y del estado civil.
Este hallazgo constituye probablemente la evidencia más directa disponible para responder a la pregunta de si existe una tendencia a la reincidencia.
7. Pero “tres veces más riesgo” no significa “siempre vuelve a hacerlo”
Esta distinción es fundamental.
El resultado de Knopp et al. podría interpretarse erróneamente como:
«“El 100 % de las personas infieles volverán a ser infieles.”»
Eso es falso.
Los autores señalan que, aunque existía un incremento aproximado de tres veces en la probabilidad, la mayoría de las personas que habían informado de infidelidad en la primera relación no informaron de la misma conducta en la segunda durante el periodo estudiado.
Por tanto:
Antecedente de infidelidad
↓
incremento del riesgo
pero no: antecedente de infidelidad
↓
reincidencia inevitable.
Esta distinción es fundamental tanto estadística como clínicamente.
8. Un modelo probabilístico
Podemos representar el fenómeno mediante:
[P(I_{t+1}=1|I_t=1)>P(I_{t+1}=1|I_t=0)]
donde:
– I_t = presencia de infidelidad en la relación actual o anterior;
– I_{t+1} = presencia de infidelidad en una relación posterior.
La evidencia longitudinal indica que la probabilidad condicional de nueva infidelidad aumenta cuando existe antecedente.
Pero esa probabilidad también depende de otras variables:
[P(I_{t+1})=f(I_t,S,R,P,E,O,C,A)]
donde:
– S = sexo;
– R = satisfacción relacional;
– P = personalidad;
– E = regulación emocional;
– O = orientación sociosexual;
– C = comunicación;
– A = antecedentes relacionales.
Este planteamiento refleja mejor la evidencia que una explicación monocausal.
9. Modelo ecológico de la infidelidad
La revisión sistemática de Haseli et al. analizó más de 5.000 registros y finalmente incluyó 82 estudios.
Los autores concluyeron que los factores asociados con la infidelidad operan en múltiples niveles:
Nivel individual
– personalidad;
– sexualidad;
– actitudes;
– características demográficas.
Nivel relacional
– satisfacción;
– comunicación;
– conflicto;
– compatibilidad.
Nivel contextual
– oportunidades;
– trabajo;
– redes sociales;
– contexto cultural.
Nivel sociocultural
– normas;
– valores;
– religión;
– expectativas de género.
La revisión concluyó que los factores pertenecientes al sistema relacional presentaban asociaciones particularmente consistentes, aunque el fenómeno completo era claramente multifactorial.
10. Sexo: hombres y mujeres
Uno de los errores más frecuentes consiste en afirmar que la infidelidad es esencialmente masculina.
La investigación contemporánea muestra una realidad más compleja.
Una revisión de Fincham y May señala, entre otros aspectos, un estrechamiento de la brecha de género en la infidelidad, junto con la influencia de la cohabitación, la religión y las nuevas tecnologías.
Por tanto, aunque algunos estudios encuentran diferencias entre hombres y mujeres, no resulta científicamente adecuado construir una explicación basada exclusivamente en el sexo.
Una investigación española debería estudiar: [Sexo \ Edad] en lugar de considerar simplemente:
[Sexo] como predictor aislado.
Esto permitiría determinar si las diferencias entre hombres y mujeres cambian según la generación.
11. ¿Por qué es importante analizar sexo y edad conjuntamente?
Supongamos hipotéticamente que encontramos:
– hombres jóvenes: prevalencia X;
– mujeres jóvenes: prevalencia Y;
– hombres mayores: prevalencia Z;
– mujeres mayores: prevalencia W.
El efecto del sexo podría desaparecer o cambiar cuando se controla la edad.
Por eso, estadísticamente, sería necesario introducir una interacción:
[I = \beta_0+\beta_1Sexo+\beta_2Edad+\beta_3(Sexo\times Edad)+\epsilon]
El coeficiente:
[\beta₃] permitiría comprobar si la relación entre sexo e infidelidad depende de la edad.
12. Edad y generaciones
El CIS 3501 proporciona una oportunidad especialmente interesante para estudiar este fenómeno en España porque ofrece cruces por grupos de edad.
El estudio utiliza, entre otros, los grupos:
– 18-24;
– 25-34;
– 35-44;
– 45-54;
– 55-64;
– 65-74;
– 75 o más.
Esto permite estudiar diferencias generacionales sin reducirlas a una simple comparación entre “jóvenes” y “mayores”.
Además, las propias concepciones de infidelidad cambian con la edad.
Por ejemplo, el CIS muestra diferencias importantes en la valoración de determinadas conductas digitales como infidelidad, lo que evidencia que la conceptualización social del fenómeno no es homogénea.
13. Personalidad
La personalidad no debe considerarse una causa directa de infidelidad.
Sin embargo, determinadas dimensiones pueden estar asociadas con una mayor vulnerabilidad.
Entre ellas se han estudiado:
– neuroticismo;
– impulsividad;
– búsqueda de sensaciones;
– narcisismo;
– orientación sociosexual;
– regulación emocional.
Whisman, Gordon y Chatav analizaron una muestra poblacional de 2.291 personas casadas y encontraron una prevalencia anual de infidelidad sexual del 2,3 % en esa muestra concreta. Tras controlar determinadas variables, el neuroticismo y una menor religiosidad se asociaron con la conducta sexual extradiádica.
Estos resultados deben interpretarse dentro de la población y periodo estudiados y no como una tasa universal de infidelidad.
14. Neuroticismo
El neuroticismo se relaciona con una mayor tendencia a experimentar:
– ansiedad;
– vulnerabilidad emocional;
– preocupación;
– afectividad negativa.
Una persona con alto neuroticismo puede experimentar dificultades para gestionar:
– conflictos;
– inseguridad;
– rechazo;
– frustración;
– celos.
Sin embargo:
[ Neuroticismo \neq Infidelidad]
Es decir, una puntuación elevada en neuroticismo no permite predecir que una persona será infiel.
La relación es probabilística.
15. Impulsividad
La impulsividad constituye otra variable potencialmente relevante.
Desde un modelo clínico, una persona impulsiva puede tener más dificultades para:
1. experimentar deseo;
2. evaluar consecuencias;
3. inhibir la conducta;
4. mantener los límites establecidos.
Esto resulta especialmente importante cuando existe:
– consumo de alcohol;
– oportunidad sexual;
– validación interpersonal;
– conflicto de pareja;
– estados emocionales intensos.
La conducta infiel puede entonces convertirse en una decisión de gratificación inmediata frente a consecuencias futuras.
16. Sociosexualidad
La sociosexualidad se refiere, de forma general, a las diferencias individuales en la disposición hacia relaciones sexuales sin necesidad de un vínculo comprometido.
Una orientación sociosexual más irrestricta ha sido relacionada con determinados tipos de motivación para la infidelidad. Investigaciones sobre motivos de infidelidad han encontrado, por ejemplo, asociaciones entre motivaciones sexuales, orientación sociosexual irrestricta y menor satisfacción con la pareja primaria.
Esto no significa que las personas con orientación sociosexual irrestricta sean necesariamente infieles.
Significa que pueden existir diferencias en:
– valoración de la exclusividad;
– interés por alternativas;
– aceptación del sexo ocasional;
– percepción del compromiso.
17. Satisfacción de pareja
La satisfacción relacional constituye uno de los factores más relevantes.
La investigación indica que la insatisfacción puede asociarse con mayor riesgo de conducta extradiádica, pero la relación no es determinista.
Whisman et al. encontraron que la insatisfacción matrimonial formaba parte de un conjunto de variables relacionadas con la infidelidad sexual.
Además, investigaciones posteriores han mostrado que factores como satisfacción, amor, deseo y duración de la relación pueden tener capacidad predictiva respecto a diferentes formas de infidelidad.
18. Comunicación
La comunicación es especialmente importante desde el punto de vista clínico.
En una investigación longitudinal de 72 parejas, determinados patrones de comunicación previos al matrimonio diferenciaron posteriormente a parejas en las que apareció infidelidad de aquellas en las que no apareció. En los casos de infidelidad masculina se observaron, entre otros factores, menor comunicación positiva y menor satisfacción sexual masculina; en los casos de infidelidad femenina aparecieron niveles inferiores de comunicación positiva y mayores niveles de comunicación negativa e invalidación.
Esto sugiere que:
la forma de gestionar el conflicto puede ser más informativa que la mera existencia de conflicto.
Todas las parejas experimentan conflictos.
La diferencia puede estar en cómo se procesan.
19. ¿La insatisfacción justifica la infidelidad?
Desde el punto de vista científico y clínico:
no.
Puede explicar parcialmente una conducta, pero no la justifica.
Dos personas pueden encontrarse insatisfechas y responder de formas diferentes:
Persona A
– comunica;
– negocia;
– acude a terapia;
– termina la relación.
Persona B
– oculta;
– establece una relación paralela;
– mantiene dos vínculos;
– miente.
Por ello, una formulación adecuada debe distinguir:
[Factor precipitante \neq justificación]
20. Apego
La teoría del apego ofrece otra posible explicación.
Las personas pueden presentar diferentes patrones de relación con:
– intimidad;
– dependencia;
– abandono;
– confianza;
– autonomía.
Las dificultades de apego podrían aumentar la vulnerabilidad ante determinadas estrategias disfuncionales de regulación emocional.
No obstante, resulta metodológicamente incorrecto afirmar:
«“Una persona con apego inseguro será infiel.”»
El apego debe estudiarse como una variable entre muchas.
21. Regulación emocional
Desde la Psicología Clínica, una cuestión especialmente interesante es si la infidelidad puede funcionar, en algunos casos, como una estrategia de regulación emocional.
Por ejemplo:
Emoción
“Me siento poco deseado.”
↓
Cognición
“Necesito comprobar que todavía soy atractivo.”
↓
Conducta
Búsqueda de atención externa.
↓
Recompensa
Aumento temporal de autoestima.
↓
Consecuencia
Ocultación, culpa, conflicto.
Este modelo puede generar un círculo repetitivo.
La persona no necesariamente busca únicamente sexo.
Puede estar buscando:
– validación;
– autoestima;
– excitación;
– escape;
– afecto;
– sensación de juventud;
– sensación de poder;
– reducción temporal de malestar.
22. Infidelidad aislada frente a infidelidad serial
Una de las distinciones clínicas más importantes es la siguiente:
Infidelidad episódica
Una única conducta dentro de una trayectoria general estable.
Infidelidad serial
Repetición de la conducta a través de diferentes relaciones o dentro de la misma relación.
El estudio de Knopp et al. precisamente estudia la continuidad de la conducta entre relaciones diferentes.
La existencia de varios episodios puede indicar que no estamos ante una circunstancia puntual, sino ante un patrón conductual más estable.
23. Modelo de reincidencia
Puede proponerse el siguiente modelo conceptual:
[R = f(H,F,P,S,C,E,O)]
donde:
R = riesgo de reincidencia.
H = historia previa de infidelidad.
F = frecuencia de episodios anteriores.
P = características de personalidad.
S = satisfacción relacional.
C = comunicación.
E = regulación emocional.
O = orientación sociosexual.
La hipótesis principal sería:
[H \uparrow \Rightarrow R \uparrow ]
pero también:
[Cambio\ psicológico\ y\ conductual \Rightarrow R \downarrow]
24. Factores de riesgo
Podemos establecer una clasificación conceptual:
Factor| Dirección hipotética
Infidelidad previa| ↑↑
Múltiples infidelidades previas| ↑↑↑
Orientación sociosexual irrestricta| ↑
Impulsividad| ↑
Búsqueda de sensaciones| ↑
Insatisfacción de pareja| ↑
Mala comunicación| ↑
Conflicto persistente| ↑
Baja responsabilidad personal| ↑
Oportunidades frecuentes| ↑
Consumo problemático de alcohol| ↑
Capacidad de regulación emocional| ↓
Comunicación positiva| ↓
Compromiso elevado| ↓
Límites interpersonales claros| ↓
Intervención terapéutica eficaz| ↓
Esta tabla debe entenderse como modelo conceptual, no como escala clínica validada.
25. Factores protectores
Entre los posibles factores protectores destacan:
Responsabilidad
La persona reconoce:
«“Yo decidí hacerlo.”»
Capacidad de reflexión
Puede identificar:
– qué ocurrió;
– por qué ocurrió;
– qué necesidades estaban presentes;
– qué decisiones tomó.
Cambio conductual
No basta con arrepentirse.
Debe existir modificación observable.
Límites
La persona establece límites claros con potenciales parejas alternativas.
Regulación emocional
Puede tolerar:
– aburrimiento;
– frustración;
– rechazo;
– deseo;
– inseguridad.
sin recurrir automáticamente a una tercera persona.
26. El indicador clínico más importante: el cambio
Desde una perspectiva clínica, probablemente sea más informativo estudiar:
«“¿Qué hizo la persona después de la infidelidad?”»
que únicamente:
«“¿Fue infiel?”»
Podemos distinguir:
Arrepentimiento verbal
“Lo siento.”
Responsabilidad psicológica
“Comprendo qué hice y por qué.”
Cambio conductual
“Estoy actuando de forma diferente.”
Cambio consolidado
“Llevo años manteniendo nuevas estrategias y límites.”
La última categoría es la más relevante para valorar pronóstico.
27. ¿Puede cambiar una persona infiel?
Sí.
La evidencia disponible no respalda el determinismo.
El hecho de que el riesgo aumente aproximadamente tres veces después de una infidelidad previa no implica que todas esas personas reincidan.
La formulación clínicamente más adecuada sería:
«La infidelidad previa es un marcador de vulnerabilidad, no una sentencia conductual.»
28. El problema de las promesas
En terapia de pareja puede aparecer una situación frecuente:
«“Te prometo que nunca volverá a ocurrir.”»
La promesa tiene poco valor predictivo por sí sola.
Resultaría más relevante observar:
– ¿ha cambiado sus límites?;
– ¿ha modificado sus conductas digitales?;
– ¿ha reducido la búsqueda de validación?;
– ¿ha trabajado sus dificultades emocionales?;
– ¿ha aprendido a manejar conflictos?;
– ¿ha dejado de justificar la conducta?;
– ¿ha aceptado las consecuencias?
El cambio debe poder observarse conductualmente.
29. España: fuente nacional principal
El estudio 3501 del CIS, Relaciones sexuales y de pareja, constituye actualmente una fuente especialmente relevante para contextualizar este fenómeno en España.
Fue realizado en enero de 2025, es de tipo cuantitativo y tiene ámbito nacional. El universo incluye personas de 18 años o más y contempla variables como:
– sexo;
– edad;
– situación de pareja;
– duración de la relación;
– cohabitación;
– sexualidad;
– relaciones sexuales fuera de la pareja.
Además, el CIS ha puesto a disposición de investigadores el fichero de microdatos, tabulaciones, documentación técnica y cuestionario.
Esto permitiría realizar un análisis secundario mucho más preciso que el que puede obtenerse simplemente de las frecuencias publicadas.
30. Limitación fundamental de los datos españoles
Aquí aparece una cuestión metodológica esencial.
El estudio CIS 3501 permite saber:
«quién declara determinadas conductas y cómo se distribuyen según variables sociodemográficas.»
Pero no permite por sí solo responder:
«“De las personas españolas que fueron infieles en 2025, ¿qué porcentaje volverá a serlo en 2027?”»
Para contestar a esto necesitaríamos:
Diseño longitudinal
Medición:
[T_1 \rightarrow T_2 \rightarrow T_3 \rightarrow T_4]
con seguimiento de las mismas personas.
Por tanto, no debe afirmarse que España tiene una tasa nacional de reincidencia de X % basándose exclusivamente en el CIS.
Esta es una de las principales lagunas actuales de investigación.
31. Propuesta de investigación longitudinal española
Se propone un estudio denominado:
Proyecto IRP-España: Infidelidad, Reincidencia y Pareja.
Muestra
N = 5.000 adultos residentes en España.
Estratificación
Sexo:
– hombres;
– mujeres;
– otras categorías cuando el tamaño muestral permita análisis estadísticamente adecuados.
Edad:
– 18-24;
– 25-34;
– 35-44;
– 45-54;
– 55-64;
– 65-74;
– ≥75.
La estratificación coincide aproximadamente con la estructura utilizada por el CIS.
32. Variables independientes
Sociodemográficas
– edad;
– sexo;
– nivel educativo;
– ingresos;
– situación laboral;
– lugar de residencia.
Relacionales
– estado civil;
– convivencia;
– duración de la relación;
– satisfacción;
– satisfacción sexual;
– comunicación;
– conflictos;
– compromiso.
Psicológicas
– neuroticismo;
– impulsividad;
– regulación emocional;
– apego;
– autoestima;
– narcisismo;
– búsqueda de sensaciones.
Sexuales
– sociosexualidad;
– número de parejas anteriores;
– orientación sexual;
– frecuencia sexual;
– satisfacción sexual;
– historial de infidelidad.
Digitales
– uso de aplicaciones de citas;
– sexting;
– conversaciones sexuales;
– contacto con exparejas;
– relaciones virtuales.
33. Variable dependiente
La variable principal sería:
[Y = \begin{cases}1 & \text{si aparece nueva infidelidad}\0 & \text{si no aparece}\end{cases}]
durante el periodo de seguimiento.
34. Hipótesis
H1
Las personas con antecedentes de infidelidad presentarán mayor probabilidad de reincidencia que aquellas sin antecedentes.
H2
El efecto de la infidelidad previa permanecerá significativo después de controlar edad, sexo, satisfacción de pareja y duración de la relación.
H3
Un mayor número de episodios previos estará asociado con mayor riesgo de reincidencia.
H4
La insatisfacción de pareja, la impulsividad y la orientación sociosexual irrestricta estarán asociadas con mayor probabilidad de infidelidad.
H5
La comunicación positiva y la regulación emocional estarán asociadas con menor probabilidad de reincidencia.
H6
La responsabilidad personal y la modificación conductual después del primer episodio moderarán negativamente el riesgo de reincidencia.
35. Modelo estadístico
El análisis principal podría realizarse mediante regresión logística:
[logit(P)=\beta_0+\beta_1H+\beta_2S+\beta_3Edad+\beta_4Satisfacción+
\beta_5Impulsividad+\beta_6Sociosexualidad+\epsilon]
El resultado principal sería el odds ratio (OR).
Por ejemplo:
[OR=3.0]
significaría que las odds de presentar el evento son aproximadamente tres veces superiores en un grupo respecto al grupo de referencia, bajo las condiciones del modelo.
Esto no equivale automáticamente a que la probabilidad absoluta sea tres veces mayor.
Esta distinción estadística es esencial.
36. Análisis de supervivencia
Si se dispone de fechas aproximadas de los episodios, podría utilizarse un modelo de Cox:
[h(t)=h_0(t)e^{\beta X}]
Esto permitiría estudiar:
«cuánto tiempo tarda en aparecer una nueva infidelidad.»
Esta aproximación sería especialmente interesante porque dos personas pueden reincidir, pero una hacerlo a los seis meses y otra después de ocho años.
Desde el punto de vista clínico, ambos casos no necesariamente representan el mismo patrón.
37. Análisis por sexo
El modelo debería incluir:
[Infidelidad \sim Antecedente + Sexo + Antecedente\times Sexo]
El término de interacción permitiría responder:
«¿El efecto de haber sido previamente infiel es diferente en hombres y mujeres?»
El estudio de Knopp et al. no encontró que el efecto principal de la infidelidad previa dependiera del sexo del participante.
Por tanto, cualquier hipótesis de que “los hombres reinciden más” o “las mujeres reinciden más” debería ser contrastada empíricamente, no asumida.
38. Análisis por edad
Se recomienda analizar:
18-24
Relaciones más tempranas, mayor peso potencial de redes sociales y aplicaciones.
25-34
Etapa de consolidación de pareja, convivencia y matrimonio en parte de la población.
35-44
Frecuentemente caracterizada por relaciones de mayor duración y responsabilidades familiares.
45-54
Posibles cambios vitales y relacionales.
55-64
Cambios asociados a ciclo vital y reestructuración de pareja.
65+
Mayor heterogeneidad en convivencia, viudedad, nuevas parejas y sexualidad.
Estas categorías son descriptivas y no implican que todos los individuos de un grupo compartan el mismo patrón.
39. Predicción frente a explicación
Una cuestión metodológica fundamental:
predecir no significa explicar causalmente.
Que una variable correlacione con infidelidad no significa que sea su causa.
Por ejemplo:
[Insatisfacción \rightarrow Infidelidad]
podría ser una hipótesis.
Pero también podría existir:
[Infidelidad \rightarrow Insatisfacción]
o:
[Conflicto \rightarrow Insatisfacción]
y simultáneamente:
[Conflicto \rightarrow Infidelidad]
Por eso son preferibles los diseños longitudinales.
40. Una posible cadena causal
Un modelo hipotético podría ser:
Vulnerabilidades individuales
↓
Problemas de regulación emocional
↓
Insatisfacción relacional
↓
Atención hacia alternativas
↓
Oportunidad
↓
Justificación cognitiva
↓
Conducta extradiádica
↓
Ocultación
↓
Consecuencias
↓
Cambio o repetición
La fase final es especialmente importante.
La experiencia puede generar: aprendizaje o mantenimiento del patrón.
41. ¿Qué diferencia al reincidente del que cambia?
La hipótesis clínica más interesante del presente trabajo es que la diferencia no reside exclusivamente en haber cometido una infidelidad, sino en lo que sucede posteriormente.
Podemos conceptualizar:
Perfil 1: episodio aislado
– reconoce responsabilidad;
– analiza causas;
– modifica límites;
– mejora comunicación;
– acepta consecuencias;
– no repite.
Perfil 2: patrón persistente
– minimiza;
– justifica;
– culpa exclusivamente a la pareja;
– oculta;
– mantiene conductas de riesgo;
– repite.
Esto no constituye un diagnóstico clínico, pero sí una hipótesis susceptible de investigación.
42. Implicaciones para la terapia de pareja
La intervención no debería limitarse a:
«“¿Hubo una infidelidad?”»
Debe explorar:
1. qué ocurrió;
2. cuándo empezó;
3. qué función tenía la conducta;
4. qué pensamientos la precedieron;
5. qué emociones estaban presentes;
6. qué límites se cruzaron;
7. qué mecanismos permitieron ocultarla;
8. qué consecuencias produjo;
9. qué ha cambiado posteriormente.
La intervención puede centrarse en:
– comunicación;
– reparación de confianza;
– regulación emocional;
– límites;
– sexualidad;
– resolución de conflictos;
– responsabilidad;
– prevención de recaídas.
43. Prevención de recaídas
Un enfoque preventivo puede inspirarse en modelos utilizados para otras conductas repetitivas.
Identificar desencadenantes
Por ejemplo:
– discusiones;
– soledad;
– alcohol;
– validación externa;
– contacto con exparejas.
Identificar pensamientos permisivos
Ejemplos:
«“No cuenta si no hay sexo.”»
«“Mi pareja nunca lo descubrirá.”»
«“Me lo merezco.”»
Establecer conductas alternativas
– comunicación;
– retirada temporal;
– consulta terapéutica;
– límites;
– resolución del conflicto.
44. ¿Puede una persona amar a su pareja y ser infiel?
Desde la evidencia psicológica, no existe una incompatibilidad lógica absoluta.
La infidelidad puede coexistir con:
– afecto;
– compromiso;
– dependencia;
– amor;
– satisfacción parcial.
Esto demuestra que el fenómeno no puede reducirse a:
«“Si te amara, nunca lo habría hecho.”»
La conducta depende de múltiples procesos.
Esto tampoco significa que el amor sea irrelevante.
Significa que:
[Amor \neq Control\ absoluto\ de\ la conducta]
45. ¿Puede una persona no amar a su pareja y permanecer fiel?
También.
La fidelidad puede depender de:
– valores;
– compromiso;
– normas;
– autocontrol;
– decisión;
– acuerdos.
Por tanto:
[Fidelidad \neq Prueba\ absoluta\ de\ amor]
y:
[Infidelidad \neq Ausencia\ absoluta\ de\ amor]
Estas distinciones son importantes en intervención clínica porque evitan interpretaciones excesivamente simplistas.
46. Interpretación clínica del antecedente
Un profesional no debería decir:
«“Ha sido infiel, por tanto volverá a serlo.”»
Debería decir:
«“Existe un antecedente que incrementa estadísticamente el riesgo. Necesitamos analizar qué factores estuvieron implicados y si siguen presentes.”»
Esta formulación es mucho más compatible con la evidencia.
47. Limitaciones de la investigación actual
47.1. Autoinforme
La infidelidad suele medirse mediante autoinforme.
Existe riesgo de:
– ocultación;
– deseabilidad social;
– memoria imperfecta.
47.2. Definiciones diferentes
No todos los estudios consideran infidelidad las mismas conductas.
47.3. Muestras no representativas
Muchos estudios proceden de países distintos de España.
47.4. Escasez de diseños longitudinales
La reincidencia requiere seguimiento.
47.5. Cambios tecnológicos
Las definiciones de infidelidad digital evolucionan rápidamente.
47.6. Diferencias culturales
Un resultado estadounidense no puede trasladarse automáticamente a España.
48. Limitación específica española
Esta es probablemente la principal conclusión metodológica:
España dispone de datos nacionales relevantes sobre sexualidad, relaciones de pareja e infidelidad, pero no de una evidencia longitudinal nacional equivalente al estudio de Knopp et al. que permita calcular con precisión una tasa de reincidencia de la infidelidad en la población española.
El CIS proporciona una infraestructura de datos especialmente útil, incluyendo microdatos y cruces por variables sociodemográficas.
Por ello, el siguiente paso lógico sería realizar un estudio longitudinal español.
49. Conclusiones generales
La evidencia científica disponible permite responder a la pregunta principal con una fórmula bastante clara:
«Una persona que ha sido infiel tiene, estadísticamente, un mayor riesgo de volver a serlo, pero la reincidencia no es inevitable.»
El antecedente funciona como un factor de riesgo.
El estudio longitudinal de Knopp et al. encontró aproximadamente un incremento de tres veces en la probabilidad de conducta sexual extradiádica en una relación posterior entre quienes habían tenido esa conducta en una relación anterior. Sin embargo, la mayoría de los participantes con antecedentes no repitieron la conducta durante el periodo observado.
Por tanto:
[Antecedente \neq Destino]
La cuestión clínicamente relevante es:
[Antecedente + Factores\ persistentes \rightarrow Mayor\ riesgo]
mientras que:
[Antecedente + Cambio\ psicológico/conductual \rightarrow Riesgo\ potencialmente\ reducido]
La investigación disponible también indica que la infidelidad debe considerarse un fenómeno multifactorial en el que intervienen variables individuales, relacionales y contextuales.
No existe evidencia suficiente para afirmar que los hombres sean “por naturaleza” más infieles que las mujeres ni que el sexo determine por sí solo la reincidencia. La literatura contemporánea señala, además, un estrechamiento de las diferencias de género y una creciente importancia del contexto digital.
En España, el estudio 3501 del CIS constituye una fuente particularmente valiosa para estudiar la relación entre sexo, edad, situación de pareja y relaciones sexuales fuera de la pareja, pero debe complementarse con diseños longitudinales para responder directamente a la cuestión de la reincidencia.
Desde una perspectiva de Psicología Clínica, la variable más informativa no sería únicamente:
“¿Ha sido infiel?”
sino:
“¿Qué mecanismos psicológicos contribuyeron a la infidelidad y siguen presentes actualmente?”
Esta formulación permite diferenciar una conducta episódica de un patrón persistente.
En definitiva, la evidencia disponible no respalda la máxima popular:
«“Una vez infiel, siempre infiel.”»
La formulación científicamente más defendible sería:
«“Una infidelidad previa aumenta el riesgo estadístico de una nueva infidelidad, pero la trayectoria posterior depende de la interacción entre factores personales, relacionales y contextuales, así como de la capacidad de modificar los patrones que contribuyeron al episodio inicial.”»
50. Referencias bibliográficas principales
Allen, E. S., Atkins, D. C., Baucom, D. H., Snyder, D. K., Gordon, K. C., & Glass, S. P. (2005). Intrapersonal, interpersonal, and contextual factors in engaging in and responding to extramarital involvement. Clinical Psychology: Science and Practice, 12(2), 101–130.
Allen, E. S., Rhoades, G. K., Stanley, S. M., & Markman, H. J. (2008). Premarital precursors of marital infidelity. Family Process, 47(2), 147–160.
Fincham, F. D., & May, R. W. (2017). Infidelity in romantic relationships. Current Opinion in Psychology, 13, 70–74.
Haseli, A., Shariati, M., Nazari, A. M., Keramat, A., & Emamian, M. H. (2019). Infidelity and its associated factors: A systematic review. The Journal of Sexual Medicine, 16(8), 1155–1169.
Knopp, K., Scott, S. B., Ritchie, L., Rhoades, G. K., Markman, H. J., & Stanley, S. M. (2017). Once a cheater, always a cheater? Serial infidelity across subsequent relationships. Archives of Sexual Behavior, 46, 2301–2311.
Whisman, M. A., Gordon, K. C., & Chatav, Y. (2007). Predicting sexual infidelity in a population-based sample of married individuals. Journal of Family Psychology, 21(2), 320–324.
Spanish Centre for Sociological Research (CIS). (2025). Study 3501: Relaciones sexuales y de pareja. Madrid: CIS.
51. Síntesis final
A partir de la evidencia analizada puede establecerse el siguiente modelo:
INFIDELIDAD PREVIA
⬇
Mayor vulnerabilidad estadística
⬇
¿Persisten los factores que contribuyeron al episodio?
Sí
→ mayor probabilidad de repetición
No
→ posibilidad real de cambio
Por ello, desde una perspectiva psicológica clínica, la mejor variable pronóstica no es únicamente el antecedente de infidelidad, sino la combinación entre antecedentes, personalidad, regulación emocional, satisfacción relacional, responsabilidad, límites y cambio conductual mantenido en el tiempo.
La persona no debe ser clasificada clínicamente como “infiel” de manera permanente por haber cometido una conducta determinada.
Lo que sí puede evaluarse científicamente es la probabilidad relativa de repetición y la presencia de factores de riesgo o protección.Nota académica: si esto va a utilizarse como TFG/TFM real, el siguiente nivel sería todavía más interesante: puedo convertir este texto en un trabajo universitario completo con portada, índice, metodología PRISMA, tablas APA 7, referencias DOI, tabla de estudios (autor/año/muestra/país/resultados), hipótesis estadísticas H1–H6 y un apartado específico de “resultados esperados”, dejando muy claramente qué datos son reales de España y cuáles proceden de investigación internacional.


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